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Facoemulsificación y presión intraocular en síndrome de pseudoexfoliación: implicaciones para la toma de decisiones quirúrgicas

CMCC | 01 abril, 2026
El síndrome de pseudoexfoliación (PXF) representa una de las entidades más relevantes en la práctica oftalmológica contemporánea, no solo por su alta asociación con glaucoma secundario, sino por su impacto en la planificación y resultados de la cirugía de catarata. Caracterizado por la acumulación de material fibrilar en estructuras del segmento anterior, este síndrome condiciona alteraciones en la dinámica del humor acuoso que se traducen en elevaciones de la presión intraocular (PIO) y una progresión más agresiva del daño glaucomatoso. En este contexto, la facoemulsificación ha demostrado no solo ser un procedimiento refractivo y rehabilitador visual, sino también una intervención con efectos significativos sobre la PIO. La evidencia reciente muestra que, tras la cirugía de catarata, los pacientes con PXF experimentan una reducción de la PIO más pronunciada en comparación con aquellos sin este síndrome. Esta diferencia no es menor: en términos clínicos, puede influir directamente en la decisión entre realizar una cirugía aislada de catarata o considerar procedimientos combinados con glaucoma. Uno de los hallazgos más consistentes es la relación entre la PIO preoperatoria y la magnitud de su reducción postquirúrgica. Pacientes con valores basales más elevados tienden a presentar descensos más significativos, lo que posiciona a la PIO preoperatoria como un predictor clínico útil en la evaluación prequirúrgica. Este aspecto adquiere especial relevancia en el paciente con PXF, donde el control tensional es crítico para prevenir daño estructural del nervio óptico. Desde el punto de vista fisiopatológico, aunque los mecanismos exactos aún no están completamente dilucidados, se ha propuesto que la facoemulsificación favorece un aumento en la facilidad de salida del humor acuoso. Esto puede explicarse por la profundización de la cámara anterior y la modificación de la arquitectura del ángulo. Sin embargo, en pacientes con PXF, se añade un componente adicional: la posible remoción mecánica de material pseudoexfoliativo y pigmento del trabéculo durante el procedimiento, lo que contribuiría a mejorar el drenaje y potenciar la reducción de la PIO. Un elemento particularmente interesante es el papel de las variables intraoperatorias, específicamente el volumen de fluido de irrigación utilizado durante la cirugía. Se ha observado que, en pacientes con PXF, un mayor uso de fluido se asocia con una reducción más significativa de la PIO postoperatoria, probablemente por un efecto de “lavado” del material obstructivo en la malla trabecular. En contraste, esta relación no se reproduce en ojos sin PXF, lo que refuerza la singularidad fisiopatológica de este grupo de pacientes. Por otro lado, aunque la cirugía de catarata induce un aumento significativo en los parámetros anatómicos del ángulo camerular, como el AOD y el TISA, estos cambios no mostraron una correlación directa con la disminución de la PIO. Este hallazgo sugiere que los mecanismos microscópicos a nivel trabecular podrían tener un peso mayor que las modificaciones anatómicas macroscópicas en la regulación de la presión intraocular en estos pacientes. En términos prácticos, estos resultados refuerzan la necesidad de un enfoque individualizado en pacientes con PXF. La facoemulsificación, en este contexto, no debe considerarse únicamente como un procedimiento para resolver la opacidad del cristalino, sino como una herramienta terapéutica potencial en el control de la PIO. Esto podría justificar una indicación quirúrgica más temprana en determinados casos, así como ajustes en la técnica quirúrgica orientados a optimizar el beneficio tensional. En conclusión, la interacción entre el síndrome de pseudoexfoliación y la cirugía de catarata redefine el papel de la facoemulsificación dentro del algoritmo terapéutico del glaucoma secundario. Comprender estos efectos permite al cirujano oftalmólogo no solo mejorar los resultados visuales, sino también incidir de manera estratégica en el control de la presión intraocular y en la evolución a largo plazo del paciente.