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Comportamiento de la presión intraocular tras facoemulsificación: comparación entre ojos glaucomatosos y no glaucomatosos.

CMCC | 11 septiembre, 2026
La relación entre cirugía de catarata y presión intraocular (PIO) ha sido ampliamente estudiada, particularmente por su impacto en pacientes con glaucoma. La facoemulsificación no solo representa un procedimiento restaurador de la función visual, sino que también induce modificaciones en la dinámica del humor acuoso que pueden traducirse en cambios sostenidos de la PIO. Sin embargo, la magnitud y comportamiento de estos cambios varían según las características basales del paciente. El análisis comparativo entre ojos glaucomatosos y no glaucomatosos evidencia diferencias relevantes en la respuesta tensional postoperatoria. En términos generales, ambos grupos experimentan una reducción de la PIO tras la cirugía, aunque esta disminución tiende a ser más pronunciada en pacientes con glaucoma. Este fenómeno se ha atribuido a una mayor susceptibilidad de estos ojos a los cambios anatómicos inducidos por la extracción del cristalino, particularmente en el ángulo iridocorneal y la configuración de la cámara anterior. Desde el punto de vista fisiológico, la facoemulsificación produce un aumento en la profundidad de la cámara anterior y una ampliación del ángulo, facilitando el drenaje del humor acuoso a través de la malla trabecular. En ojos glaucomatosos, donde existe una alteración previa en la resistencia al flujo de salida, estos cambios pueden generar un impacto más significativo en la reducción de la PIO. No obstante, el comportamiento en el periodo postoperatorio inmediato puede diferir del efecto a mediano plazo. Al igual que en otros estudios, se documentan elevaciones transitorias de la PIO en las primeras horas tras la cirugía, atribuibles a factores como la retención de viscoelástico, la inflamación y la obstrucción temporal del sistema trabecular. Estas elevaciones pueden ser más relevantes en pacientes con glaucoma, quienes presentan menor capacidad de compensación frente a cambios agudos en la dinámica del humor acuoso. Otro hallazgo de interés es la correlación entre la PIO preoperatoria y la magnitud de la reducción postquirúrgica. Pacientes con valores basales más elevados tienden a experimentar descensos más significativos tras la facoemulsificación, lo que refuerza el papel de la cirugía de catarata como una intervención con potencial efecto hipotensor en casos seleccionados. En términos clínicos, estos resultados tienen implicaciones directas en la planificación quirúrgica y el manejo perioperatorio. En pacientes con glaucoma, la facoemulsificación puede considerarse no solo como un procedimiento visual, sino como parte de una estrategia integral de control tensional. Sin embargo, esto no sustituye la necesidad de un seguimiento estrecho, particularmente en el postoperatorio inmediato, donde el riesgo de picos hipertensivos sigue presente. Asimismo, la selección de técnica quirúrgica, el manejo del viscoelástico y la indicación de tratamiento hipotensor profiláctico deben individualizarse en función del perfil de riesgo del paciente. Este enfoque permite optimizar los beneficios de la cirugía y minimizar complicaciones potenciales. A pesar de los beneficios observados, es importante reconocer que la respuesta a la facoemulsificación no es uniforme. Factores como la severidad del glaucoma, el estado del ángulo y la presencia de daño estructural avanzado pueden influir en los resultados. Por ello, la expectativa de reducción de la PIO debe contextualizarse dentro de cada caso clínico. En conclusión, la facoemulsificación ejerce un efecto modulador sobre la presión intraocular tanto en ojos glaucomatosos como no glaucomatosos, con una mayor reducción observada en los primeros. Este comportamiento refuerza su papel en el manejo integral del paciente oftalmológico, aunque exige una evaluación individualizada y un seguimiento cuidadoso para garantizar resultados óptimos en términos visuales y funcionales.